sábado 14 de enero de 2012

En recuerdo del perro Tomás





Nuestra alumna Beatrice Graneri nos ha mandado este cuento, inspirado en una poesía de Ángel Crespo. Primero so ponemos la poesía:


EL AIRE

El aire ha pasado lamiéndonos
como aquel perro, el de la casa,
el que de noche se perdía y, luego,
en los ojos traía un terrible retrato.
Como aquel perro, el aire viene
y nos pasa la lengua por las manos,
dejándonos olores
de matorrales y conejos,
de estampidos de pólvora, de sangre,
de tierra humedecida;
exactamente, igual, como aquel perro.
El animal, la hoja,l
a sorpresa, el disgusto,
nos llegan por el aire:
nos llegan de repente como esta
brisa que mueve un poco las cortinas,
levanta los papeles de su sitio
y nos hace inclinarnos, como el can
aquel solicitando nuestras manos,
que eran entonces menos duras.
Como el terrible can que se perdía, 
como digo, de noche,
se hacía entonces negro, olía a azufre
quemado, se ponía, en verdad, llameante
y se perdía monte arriba,
para luego volver por la mañana,
inmaculado, alegre,
lamiéndonos los pies, dando a los otros
felices bienvenidas con el rabo,
exactamente igual llega este aire.
(Exactamente igual para los otros,
porque debo contar que al perro aquel
sólo yo descubría por la noche,
y de mañana me añadía miedos
cuando apretaba el lomo a mis rodillas.)


(Del libro Oculta Transparencia)




Y ahora su cuento:


...y la persona que organizará y dirigirá el viaje a Tailandia es el señor Fernández” dijo el presidente de la sociedad al final de la reunión. Pablo Fernández Castro le dio la mano y se despidió.
No se lo podía creer: la compañía de productos de peluquería más famosa de Estados Unidos le había elegido como representante; esto significaba que la promoción a vicepresidente no estaba lejos.
En una semana cogió el avión hacia Tailandia donde estuvo durante dos meses. Allí conoció a unos de los mayores maestros orientales que intentaron enseñarle su estilo de vida y de los cuales aprendió, después de mucho escepticismo, el arte de la meditación. Este viaje cambió radicalmente su perspectiva material y superficial de la vida y consiguió romper la coraza de su ignorancia.
Regresado a su vida anterior en Estados Unidos se dio cuenta de que todo su dinero y su fama no le podían hacer feliz, de que su novia amaba solo su riqueza y que el único que le quería de verdad e incondicionalmente era su perro Tomás; pero el amor de ese animal y la meditación le bastaban.
Un día Tomás contrajo una enfermedad a la cual no se conocía todavía una cura y tuvieron que echarle.
Entonces perdió a su único amigo y se quedó solo con el aire que venía y le pasaba “la lengua por las manos” dejándole olores “de tierra humedecida; exactamente igual, como aquel perro”.
Beatrice Graneri 4°E




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